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El Grez, un espacio singular

                Al interior de las dependencias del Hospital Psiquiátrico Dr. José Horwitz Barak, donde el ruido de la Avenida de La Paz no alcanza llegar, está el Teatro Grez. La construcción data de 1897 y ha resistido a todos los terremotos desde entonces. Hubo algunas pérdidas, pero su estructura principal como sus frescos se mantiene en pié.

                Para llegar al teatro hay que traspasar un camino de asfalto que empieza desde la entrada y lleva hasta un patio amplio donde el área verde del jardín está rodeada por pasillos externos en forma de laberinto.

                A diferencia de la estructura moderna del hospital, el Teatro Grez se asemeja más bien una pequeña iglesia colonial. El Grez, como es conocido, es el único teatro en Latinoamérica que se encuentra al interior de una institución de salud pública. Actualmente y después de muchos años de inactividad, el Hospital Psiquiátrico volvió a utilizarlo para actividades internas y está en proceso de restauración y modernización con la idea de acoger al mundo cultural.

                 “La acústica es perfecta es como si fuera naturalmente un estudio de grabación”, comentó uno de los integrantes de la agrupación de tango electrónico, Tanghetto, visiblemente sorprendidos por el lugar.

                La bóveda que alberga el teatro está decorada con sendas pinturas históricas del reconocido artista chileno Pedro Lira, intercaladas por gruesas cortinas rojas que sirven de aislamiento a los sonidos del exterior. A un costado de la platea, la tecnología se hizo sentir en todo su esplendor. Equipos de audio de última generación (Croma SSL-Solid State Logic, Stecher Sound- Audio Professional y East-Back Line Acustic) se encargaron de amplificar y registrar los sonidos de instrumentos folclóricos que durante muchos años quedaron atrapados en el tiempo.

                Ese fue el caso del guembri del marroquí Mehdi Nassouli. Proveniente de Taroudant, en el sur de Marruecos, Nassouli empezó con solo ocho años a interesarse por los ritmos folclóricos de su ciudad natal como el deqqa. El guembri fue un instrumento descubierto por él.  Se trata de un bajo árabe que es la base del gnawa, ritmo de cánticos y danzas rituales que Nassouli ha fusionado con géneros occidentales como el rock.

                Mientras el equipo de producción arreglaba los detalles del espacio y los instrumentos para grabar la sesión, los músicos argentinos de Tanghetto y Medhi Nassouli interactuaban, pero sin mediar palabra. El acordeón y el guembri hablaban por los músicos, traducían sus emociones en una experiencia sin igual, hasta crear un producto musical literalmente nacido del encuentro entre dos mundos.

                El sonido del tango electrónico y el rock marroquí empezó de poco a poco a apropiarse del espacio. Los acordes del guembri funcionaron como una especie de plan de fondo para el acordeón. Un instrumento no se sobreponía al otro, sino que evidenciaban la armonía entre dos sonoridades completamente distintas.

                “Ustedes aún no saben pero están haciendo historia. Es música hermosa”, exclamó entonces Giorgio Varas, director del festival que coordinó el encuentro. “It’s beautiful music you are making”, repitió en inglés para asegurarse que Nassouli había comprendido el mensaje.

 

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