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Músicos de diferentes partes del mundo se encerraron a componer en el silencio del Teatro Grez

El inédito concierto que se fraguó en secreto al interior del hospital psiquiátrico de Avenida La Paz

Por GABRIEL DE BRITTO IBRAHI, El Mostrador 5 abril, 2017

 

CONCIERTO

 

                Los principales exponentes de la World Music de distintos países que participaron de la 3ª edición de Womad Chile intercalaron sus actuaciones en el escenario principal con reservadas reuniones de creación e improvisación para la grabación de un disco en el Teatro Grez, al interior del Hospital Psiquiátrico Dr. José Horwitz Barak. Durante la última jornada, los pacientes de la institución tuvieron la oportunidad de asistir a un auténtico rito musical que combinó los sonidos de la etnia maya con el rock escocés. El Mostrador C+C fue el único medio que presenció este inédito concierto.

               

                De todos los grandes festivales de música que han tenido ocasión en Santiago últimamente, la singularidad del Womad, por lejos, lo hace un festival diferente. Si la mayor parte de ellos pierde la cabeza por traer a la banda del momento, o al clásico que fulmina récord de asistencia en Nueva York, Santiago, Sao Paulo y Londres, el Womad hace lo contrario. La invitación es a lo desconocido, a sorprenderse con ritmos y géneros inauditos, a deambular entre las culturas con la misma naturalidad de quien no se sabe distinto. Y si esto fuera poco, a descubrir que detrás de un pueril portón de una calle vecina, que conduce a una institución de salud mental, el festival escondía una sorpresa.

                Todo partió cerca de las 3 de la tarde del domingo 19 de febrero. El sol brillaba fuerte mientras nos abríamos paso al compás de las miradas curiosas que atendían la presentación del grupo guatemalteco Sotz’il. La sombra de la carpa del Escenario de Las Primeras Naciones invitaba al público a buscar abrigo y acercarse a una auténtica representación de un ritual Maya que los guatemaltecos venían repitiendo desde hace milenios.  Los atuendos con máscaras de esqueleto de animales, collares de semillas y ropas con tela de piel de jaguar, servían de contexto para los insólitos instrumentos que imitaban los sonidos de la fauna tropical de América Central.

                La aplaudida presentación de Sotz’il confirmó que todos los allí presentes, percibían el encantamiento de entrar en contacto con un mundo que difícilmente tendrían oportunidad de conocer.

                Al fin de la tarde, mientras aún no empezaba el próximo concierto, un equipo de producción comenzó a trasladar equipos de audio y video en contra del flujo de gente que se aproximaba al escenario. Se mostraban rápidos y concentrados. La misión: traspasar los límites del festival sin prestar atención a los mil contratiempos que conlleva una producción de tal magnitud, ni a distraerse con el show.

                Fuera de la world music que se escuchaba con fuerza desde el escenario dispuesto entre las Caballerizas de O’Higgins y Cerro Blanco, en Recoleta, a unos 500 metros de ahí, algo secreto se estaba tejiendo y no era precisamente con hilos, sino con música.

                Lejos de la estridencia de un festival rock, Womad estaba concretando un ambicioso y cuidado proyecto de creación en alianza con el Hospital Psiquiátrico Dr. José Horwitz Barak, de Avenida La Paz, que facilitó su patrimonial teatro Grez para reunir, en una inédita comunión musical de improvisación y creación, a los maestros más connotados de la música de raíz latinoamericana con sus pares de Europa, Oceanía y Asia.

                No sabía qué esperar. Uno de los productores, todo cargado de cables, cámaras y trípodes en su cuerpo, disparó sin titubeos. “Hoy vienen los argentinos de Tanghetto y ese músico marroquí. Hueón tendrías que haber visto ayer a los chinos rockeros con la charanguista boliviana. Fue sensacional. Antes estuvieron Los Gaiteros de San Jacinto y los músicos folclóricos de Estonia. Fue sencillamente la raja", sentenció.

                En medio de la algarabía de las jornadas de Womad, el silencio del interior del hospital psiquiátrico, ahora convertido en estudio de grabación, prestó la complicidad precisa para arribar a lo que fue, sin lugar a dudas, el punto culminante del concepto de interculturalidad e inclusión, por lo que se define el corazón de Womad.

                El Mostrador C+C fue el único medio que tuvo la oportunidad exclusiva de acompañar una de las sesiones en la que participó el marroquí Mehdi Nassouli y los argentinos de Tanghetto. Y también, de compartir la experiencia inigualable del concierto privado que dieron los músicos ante un entusiasta público compuesto por solo pacientes del hospital.

 

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