La Unidad de Evaluación de Personas Imputadas (Uepi), varones del Instituto Psiquiátrico “Dr. José Horwitz”, cerró un período de voluntariado que culminó con variadas expresiones artísticas, llevadas adelante por los propios usuarios internos.
Lo que comenzó hace un año como un proyecto de mantenimiento básico —pintar paredes y literas— se convirtió en una poderosa herramienta terapéutica que culminó el pasado viernes 16 de enero, con una significativa ceremonia artística, donde incluso los pacientes cantaron sus propias composiciones, junto a una banda musical, en vivo.
Todo comenzó con un pequeño grupo de personas que, al ver un reportaje aparecido en un programa de televisión abierta, quiso aportar desde la civilidad, un grano de arena para ayudar a los 40 usuarios que están en dicha unidad. Así, la idea fue pintar literas, paredes y mesas, pero la intervención fue más allá de lo funcional y se transformó en algo artístico.
El deseo inicial de mejorar la infraestructura dio paso a la creación colectiva. Con el apoyo de expertos, los pacientes no solo decoraron su entorno, sino que plasmaron su mundo interior en un mural que hoy adorna las paredes del recinto.

Además, se unió un grupo de músicos voluntarios que trabajaron codo a codo con los internos para transformar sus vivencias en letras y ritmos. El proceso incluyó la composición, el ensayo y la grabación de temas originales, culminando en una presentación en vivo que rompió la rutina del instituto.
Sandra Moglia, jefa de la Uepi, no oculta su orgullo. "Estas cosas nos agrandan el corazón y nos dan esperanza con esta población", destacando que el impacto va mucho más allá de lo recreativo.
Para la psiquiatra, lo más sorprendente ha sido la respuesta de los pacientes. La facilidad con la que "engancharon" con las actividades artísticas reveló. “Una se da cuenta que tienen mucho más potencial, que podemos aprovechar terapéuticamente con ellos”.

En la actividad de cierre, estuvieron presentes, también, el Director del Instituto Horwitz, Juan Maass Vivanco y el Subdirector (S) de Gestión Asistencial, Rubén Nachar Hidalgo.
El show de clausura no solo marcó el fin de un ciclo de voluntariado, sino que evidenció que el arte no es solo un adorno, sino un recurso terapéutico vital, que se espera se pueda seguir replicando en la institución.













